No sirve de nada quejarse, pequeña. Volverás a caer y a rasguñarte las rodillas. Así que sacúdete el vestido, sujeta bien tu corona y esconde tus lágrimas del mundo. Mirálos desde detrás de esa perfecta máscara de felicidad y dulzura, con la cabeza bien alta y siempre perfecta.
Porque ellos no entienden tu dolor, ¿sabes? Ellos te ven pero no te mirar. No, nunca se fijan. ¿Para qué? Solo eres una más. Y no intentes destacar o luchar contra la corriente de todos esos millones de personas que son mejor que tú, porque no sirve de nada. No, tampoco sirve mirar el reloj con su irritante "tic tac", esperando a que algo pase, algo como que todo se vuelva de color rosa y el principe que no es un principe deje a su perfecta princesa y se vaya contigo, que eres a penas una talla decente de sujetador, o que la muerte venga y se acabe el dolor.
Lo siento, princesa, sigo sin poder ayudarte. Solo soy una voz en tu cabeza, unos dedos sobre un gastado teclado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario