Hacía frío, o tal vez es eso lo que recuerdo.
O tal vez es lo que creí. La sensación de que me había quedado suspendida en tus aires de grandeza encubierta por lo absurdo de tu modestia delante de mi. A mis ojos, no servía. Y lo sabías. Pero decidiste irte. Irte sin mi allá dónde no podría haberte encontrado.
Con el Sol frente a ti, parecías rodeado de luz. Parecías más etéreo si cabe.
Cuántas noches. Cuántas velas malgastadas en esperarte para darme cuenta de que no volverías. Ni a mi. Ni a las historias que algún día contaré. Cubiertas por el polvo de una ausencia que por tenerla tan cerca, no eres capaz de ver.
Tú con tus palabras, y yo sin mi. Sin ti. Y sin todo aquello que tenía, pese a carecer de importancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario